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Respuetas a Mis Amigos Católicos

Capítulo 6
¿Creen Ustedes en María?

¡Sí! Creemos todo lo que la Palabra de Dios nos dice de María. Las creencias que rechazamos son las que algunas personas formularon posteriormente sin ninguna base bíblica. Creemos que María fue una mujer virtuosa, escogida por Dios para ser la madre de Jesucristo. Además, creemos que era virgen en el momento del nacimiento de Jesús. Por otro lado, no oramos a María ni hacemos imagenes de ella, porque la Biblia enseña: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo servirás (Lucas 4:8). La Biblia consistentemente enseña que la oración debe dirigirse a Dios el Padre. Cuando los discípulos le pidieron a Jesús: "Enséñanos a orar", lo primero que El dijo fue: "Cuando recen, digan: Padre...", y enseñó el Padrenuestro. En cierta ocasión, Jesús preguntó a otro grupo de personas: "¿Por qué me llaman Señor, Señor, y no hacen lo que yo digo?" Puesto que Jesús nos pide que oremos al Padre, ¡hagámoslo!

A veces los que quieren que oremos a María dicen que, como ella era la madre de Jesús, El siempre le concedía lo que le pedía. Después que lea el siguiente pasaje de la Biblia, puede juzgar por usted mismo si esto es cierto o no: Entonces llegaron su madre y sus hermanos; se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: "Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y preguntan por ti." El les contestó: "¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?" Y mirando a los que estaban sentados en torno a él, dijo: "Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Marcos 3:31-35).

En la Biblia no hay un solo ejemplo de alguien que tratara de ir a Jesús o a Dios el Padre por medio de María. Por el contrario, leemos: Unico es Dios, único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, verdadero hombre. El entregó su vida para rescatar a todos (1 Timoteo 2:5-6). Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:6). Cristo es el único mediador. El nos pone directamente en conexión con Dios al quitar los pecados que nos separaban, de manera que podemos acudir a El en forma directa.

La historia nos informa que las oraciones a María comenzaron a fines del siglo IV d.C. Por cierto, si ella aún hubiera estado viva, ¡no habría permitido esa práctica! Puesto que era una mujer piadosa, nunca habría aceptado las oraciones porque deben dirigirse sólo a Dios.

En Italia, el centro mismo del catolicismo romano, la gente tiende a rezar a las diferentes imágenes de María. Es más, generalmente creen que cada imagen tiene capacidades particulares. Creen que algunas poseen el poder de sanar en una manera excepcional. Otras protegen de la lava del Vesubio. Piensan que otras protegen a grupos particulares de personas, como los pescadores. Los templos que tienen estatuas que son reverenciadas en forma especial fomentan esta creencia. Como resultado, muchas personas viajan grandes distancias, aunque pasen cerca de cientos de imágenes de María, porque su deseo es llegar a la que consideran que les ayudará más. Obviamente esto es idolatría y no es lo que quiero discutir aquí, porque no tiene relación alguna con María, que es una sola. Sus poderes no cambian de estatua a estatua.

Más bien, veamos a María, la madre de Jesús, una mujer real como muchas de las que están leyendo este libro. Creemos que ella era una mujer admirable, porque Dios la escogió para una tarea muy especial que la pondría en un lugar prominente y por la cual la considerarían un ejemplo. Sin embargo, no hay razón para creer que ella fue concebida sin pecado, porque después del nacimiento de Cristo la encontramos en el templo, ofreciendo sacrificio para su purificación (Lucas 2:22-24). Este es el mismo acto que todas las mujeres hebreas realizaban después del nacimiento de un hijo (Levítico 12). Además, en su oración de agradecimiento por haber sido escogida para ser la madre de Cristo, María llama a Dios el Dios que me salva (Lucas 1:46). Si ella hubiera nacido sin pecado, no habría necesitado una ofrenda de purificación ni un salvador.

La iglesia de Roma enseña que María debe ser llamada la madre de Dios, una expresión que nunca se usa en la Biblia. El razonamiento es que ella es la Madre de Jesucristo, y El es Dios. Aunque a primera vista el razonamiento parece aceptable, si ella fuera la madre de Dios, tendríamos que inferir que la criatura era la madre del Creador: es decir, que María, quien nació en un momento particular de la historia, era la madre de todo lo relacionado con Dios, quien ha existido desde la eternidad (Génesis 1:1; Juan 1:1-3, 14). La Biblia no enseña esto. Más bien enseña que Dios, quien siempre ha existido, tomó una naturaleza humana por medio del nacimiento virginal. Por tanto, María fue la madre de la naturaleza humana de Cristo, pero no de su naturaleza divina, la cual ha existido desde la eternidad (Juan 8:57-58). Para no crear confusión en este punto, preferimos no usar el término madre de Dios.

Aunque la Biblia enseña que María era virgen en el momento del nacimiento de Cristo, no nos da razón para creer que ella permaneció virgen toda su vida. De hecho, María fue obediente a Dios quien, al hablar de las personas casadas, dijo que el hombre debe dejar a su padre y a su madre y unirse con su esposa, y que los dos deben ser un solo ser (Efesios 5:31; Mateo 19:6). Al hablar específicamente de María y José, la Biblia explica: Y sin que tuvieran relaciones dio a luz un hijo al que José puso el nombre de Jesús (Mateo 1:25). Este pasaje obviamente establece el hecho de que José no tuvo relaciones con María antes del nacimiento de Jesús, y otros pasajes declaran que ella era virgen en el nacimiento de Jesús. Sin embargo, al decir que sin que tuvieran relaciones dio a luz un hijo, expresamente excluye del período en que no tuvieron relaciones, el tiempo después que ella tuvo un hijo. Además, ninguno de los otros pasajes que hablan de la virginidad de María infieren que ella debía mantenerse virgen después del nacimiento de Cristo. Más bien, se da a entender que después que nació Cristo, María y José tuvieron relaciones normales como esposo y esposa. Afirmar que María permaneció virgen toda su vida infiere que ella no obedeció la voluntad de Dios para las mujeres casadas, y esta idea realmente no la honra.

¿Quiénes Fueron los Hermanos de Jesús?

Además de inferir que María no permaneció virgen para siempre, la Biblia también habla varias veces de los hermanos de Jesús. En el evangelio de Mateo leemos: ¿No se llama María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas viviendo entre nosotros? (Mateo 13:55-56). Después del nacimiento de Jesús, casi todas las veces que la Biblia habla de María, ella está con los hermanos de Jesús. Hasta donde sabemos, todos vivían juntos como una familia normal (vea Mateo 12:46; 13:55-56; Marcos 3:31; 6:3; Lucas 8:19; Juan 2:12). Algunos católicos sostienen que los hermanos de Jesús eran en realidad primos. Muchas traducciones antiguas de la Biblia católica traducían "hermanos" como "primos" sin ninguna base textual, y sólo en el caso de los hermanos de Jesucristo. Los hermanos de todos los demás eran traducidos como hermanos. La falta de honestidad en esta clase de traducción era tan evidente que casi todas las traducciones católicas recientes usan la palabra "hermanos".

Algunos católicos dicen: "Sí, eran hermanos, pero sólo en el sentido espiritual, no en el físico". Esta interpretación también es errónea, porque hasta después de la resurrección, los hermanos de Cristo no creían en El. Juan 7:5 lo dice claramente: Sus hermanos hablaban así porque no creían en él. Si sus hermanos no creían en El, no eran "hermanos" en el sentido espiritual. Los traductores de la New American Bible (Nueva Biblia Americana, versión en inglés) evidentemente reconocieron el problema que esto presenta para la enseñanza romana de que María permaneció virgen aun después del nacimiento de Cristo. Ellos han quitado algo de fuerza a la declaración traduciéndola de esta manera: En realidad, ni siquiera Sus hermanos tenían mucha confianza en El (Juan 7:5). Varios pasajes de la Biblia realmente distinguen entre los hermanos espirituales y los hermanos físicos de Jesús. Vemos un ejemplo en Juan 2:12: Después de esto, Jesús bajó a Cafarnaún y con él su madre, sus hermanos y sus discípulos (Vea también Mateo 12:46-50; Marcos 3:31-35; 6:1-3; Lucas 8:19-22). Pasajes como éste señalan con claridad que la Biblia distingue entre los hermanos de Jesús y Sus discípulos.

En base al fundamento erróneo de la virginidad perpetua de María, a través de los siglos los filósofos han levantado una torre de fábulas; ideas que no tienen raíz en la Biblia ni en ninguna literatura del período en que vivió María. Jesucristo no fomentó la excesiva glorificación de María que es tan común ahora. En la Biblia leemos: Mientras Jesús estaba hablando, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz la que te dio a luz y te amamantó!" Pero él declaró: "¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!" (Lucas 11:27-28; vea también Mateo 12:46-50; Marcos 3:31-35).

Dar a María la gloria que debemos dar a Dios no es la forma correcta de honrarla. Si yo tratara de honrarlo a usted llamándolo "su majestad, la reina de Inglaterra", o diciéndole que considero admirable el valor con que usted enfrentó los peligros del océano para descubrir América, ¿se sentiría honrado? Probablemente pensaría que soy terriblemente ignorante, o que me burlo de usted. Usted preferiría que dijera algo agradable acerca de lo que realmente es o ha hecho.

Otra manera en que podemos honrar a María es haciendo lo que le hubiera agradado. La Biblia registra sólo un mandato que dio María. Fue dado en las bodas de Caná, en Galilea: Hagan todo lo que él les mande (Juan 2:5). Ella le estaba diciendo a los sirvientes en la fiesta de bodas que obedecieran todo lo que les dijera Cristo. Puesto que su mandato fue dado en una situación particular a un grupo de personas específico, no tenemos que cumplirlo si no queremos. No obstante, en nuestro corazón sabemos que a María le agradaría más que obedeciéramos a Cristo, en vez de desobedecerlo y luego decir que la estamos honrando a ella. Por tanto, honremos a María en una forma que no contradiga la enseñanza bíblica, una forma que ella y Dios aprobarían. Sigamos su mandato de hacer lo que dice Cristo.



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