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"La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (la sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la 'Iglesia creyente y orante', enseña a orar a los hijos de Dios" (p. 723, #2650). Esta cita del Catecismo hace dos declaraciones sumamente controversiales. Examinemos cada una de ellas. En primer lugar: "La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior". De acuerdo a la Biblia, la oración puede brotar espontáneamente. La Palabra de Dios contiene miles de ejemplos de impulsos espontáneos... y Dios escuchó cada uno de ellos: "Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió". Las oraciones católicas, en vez de ser expresiones espontáneas, son una interminable repetición de palabras escritas. Es interesante notar que Jesús prohibió este método de oración, y dijo que los "paganos" realizan tal práctica: "Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos". En segundo lugar, el Catecismo afirma: "No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (la sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la 'Iglesia creyente y orante', enseña a orar a los hijos de Dios". Aquí el Catecismo proclama que las Escrituras no pueden enseñarle a orar. Para eso usted debe acudir a la Iglesia Católica. Sin embargo, mucho tiempo antes de que existiera la Iglesia Católica, la gente oraba y sus oraciones eran contestadas: "Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas". Estas personas espontáneamente clamaron a Dios, sin la ayuda de la Iglesia Católica. Dios ofrece esta invitación a sus hijos: "Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás". La Palabra de Dios nos enseña que Dios no sólo acepta las oraciones espontáneas, sino que nos exhorta a orar de esa manera.
¿Es sólo coincidencia que esta doctrina católica mantenga a los seguidores en mayor sujeción a Iglesia Católica? Usted tendrá que decidir cuál es la respuesta.
Nos encontramos ante un empate. La Biblia condena la forma de oración del catolicismo, y la Iglesia Católica condena la forma de oración bíblica. Obviamente, usted tendrá que decidir a cuál seguir. ¿Seguirá la enseñanza de Dios y de su Santa Palabra, o seguirá las tradiciones de hombres? "Clamaron a ti, y fueron librados; con-fiaron en ti, y no fueron avergonzados". Conozcamos el Catolicismo Romano © 1995 por Rick Jones Reproducido con permiso. |