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Respuestas a Nuestros Amigos Testigos de Jehová

Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.   Gálatas 5:14
Capítulo 11
¿Debemos Donar Sangre?

El Antiguo Testamento claramente dice que los judíos no debían comer carne a la que no se le hubiera sacado la sangre:

"Si cualquier varón de la casa de Israel, o de los extranjeros que moran entre ellos, comiere alguna sangre, yo pondré mi rostro contra la persona que comiere sangre, y la cortaré de entre su pueblo" (Levítico 17:10).

La Biblia siempre prohíbe comer sangre, en vez de beber sangre. El término hebreo para "beber" es una palabra común, y la Biblia habla en otros contextos acerca del beber sangre (Números 23:24 y Salmos 50:13 son dos ejemplos), así que, si Dios hubiera querido, el mandamiento podría haber sido contra el "beber sangre". Sin embargo, lo que ordenó fue que no se comiera carne de la que no se hubiera sacado la sangre. Uno de los muchos versículos donde vemos esto es 1 Samuel 14:34:

"... decidles que me traigan cada uno su vaca, y cada cual su oveja, y degolladlas aquí, y comed; y no pequéis contra Jehová comiendo la carne con la sangre".

Cuando mataban un animal, tenían que derramar la sangre sobre la tierra.

"Solamente que no comas su sangre; sobre la tierra la derramarás como agua" (Deuteronomio 15:23).

La Prohibición de Comer Sangre era Primordialmente para los Judíos

Estos mandamientos del Antiguo Testamento fueron dados primordialmente a los judíos que vivieron antes de Cristo:

"Habla a los hijos de Israel, diciendo:... Además, ninguna sangre comeréis en ningún lugar en donde habitéis, ni de aves ni de bestias. Cualquiera persona que comiere de alguna sangre, la tal persona será cortada de entre su pueblo" (Levítico 7:23-27).

Los Gentiles que Vivían con los Judíos Tampoco Debían Comer Sangre

El mandamiento de no comer sangre se aplicaba no sólo a los judíos, sino también a los gentiles que vivían entre ellos en su tierra.

"Por tanto, he dicho a los hijos de Israel: Ninguna persona de vosotros comerá sangre, ni el extranjero que mora entre vosotros comerá sangre" (Levítico 17:12).

Más adelante, en el mismo pasaje, también se prohíbe comer animales que no hayan muerto sacrificados, sino por sí solos o por otra causa. A esos animales no se les había sacado la sangre (17:15).

Otros Gentiles Podían Comer Sangre

A los gentiles que no residían entre los judíos se les permitía comer sangre. De hecho, en la ley se estipulaba que los judíos podían darles o venderles carne aunque no se hubiera derramado la sangre en forma apropiada:

"Ninguna cosa mortecina comeréis; al extranjero que está en tus poblaciones la darás, y él podrá comerla; o véndela a un extranjero, porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios" (Deuteronomio 14:21).

¿De Cuál Grupo es Usted?

La mayoría de los testigos de Jehová de este tiempo no son judíos ni viven en países judíos, sino que pertenecen a la categoría de aquellos gentiles a los que se les permitía comer sangre.

La Razón de la Ley Respecto a la Sangre

Quizá existan razones relacionadas con la salud para no comer carne de la que no se ha derramado la sangre, pero si es así, no se declara cuáles son. Dios nos da otra razón:

"Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona" (Levítico 17:11).

La palabra que se traduce "vida", en la primera parte del versículo, es el término común para "alma", y se traduce en diferentes formas según el contexto. En la frase, "la vida de la carne", parece que se usa en el sentido de aquello que da vida a la carne. Dios dice que la sangre es lo que da la vida.

La frase, "yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas", es significativa. Dios había dado a los sacerdotes el mandato de que ofrecieran la sangre de los animales sacrificados sobre el altar, de acuerdo al sistema de sacrificios en el Antiguo Testamento. Sin embargo, aquí El dice: "yo os la he dado", y no que El ha ordenado a otra persona que se las dé. Probablemente esto indica que El estaba mirando más allá del Antiguo Testamento, pensando en otro sacrificio que El mismo ofrecería. Los sacrificios del Antiguo Testamento eran una profecía del sacrificio de Cristo. Al decir "yo os la he dado", Jehová quizá contemplaba el sacrificio final que El mismo haría en la cruz.

En Hebreos 10:1, en medio de la explicación de que el sacrificio único y perfecto de Cristo había remplazado los sacrificios del Antiguo Testamento, estos sacrificios se describen como "la sombra de los bienes venideros". Luego, el pasaje explica que el sacrificio de Cristo fue suficiente para pagar por todos nuestros pecados, por lo que no es necesario repetirlo. Es el medio que Dios escogió para nuestra salvación y, como tal, fue prefigurado por los sacrificios del Antiguo Testamento.

Lea con atención los capítulos 9 y 10 de Hebreos. En ellos encontrará la razón del mandamiento en cuanto a la sangre. Por razón de espacio, incluiré aquí sólo una pequeña muestra de este pasaje vital y fascinante que nos ayuda a comprender y creer:

  • "Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan" (Hebreos 9:28-10:1).

Los sacrificios del Antiguo Testamento tenían que repetirse, pero nosotros "somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (Hebreos 10:10). No es necesario repetir Su sacrificio.

  • "Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios" (Hebreos 10:11-12).

La sangre que Dios dio en el altar del Antiguo Testamento por el pecado, fue tipo o anuncio de lo que El derramaría por nosotros en la cruz, una vez para siempre, y como tal, no debía tomarse ligeramente ni ser deshonrado. No pierda la oportunidad de recibir la expiación que ofreció Jehová por sus pecados, la razón por la que El se preocupaba por la sangre.

¿Podemos Comer Sangre Ahora?

En el Nuevo Testamento, Dios puso más énfasis en el espíritu de la ley que en la letra, y permitió que Su pueblo comiera muchas cosas que no había permitido que los judíos comieran:

  • "Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado" (1 Timoteo 4:4-5).
  • "Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es" (Romanos 14:14).

La Decisión de los Apóstoles

En la conferencia de Jerusalén, sin embargo, cuando se decidió que a los gentiles cristianos no se les debía forzar a observar las leyes del Antiguo Testamento, se establecieron algunas excepciones a esta libertad. Una de esas excepciones era que los gentiles cristianos deberían abstenerse de la sangre.

"Sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo" (Hechos 15:20-21).

Este pasaje parece inferir que los cristianos no debían comer sangre porque ofenderían a los judíos que vivían entre ellos. ¿Es esta la única razón?

Antes de la Ley

Probablemente no lo sea, porque aun antes que naciera Abraham -el fundador de la raza hebrea-, cuando los judíos aún no existían, a Noé se le dio el mandamiento de que derramaran la sangre de los animales que mataran:

"Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis" (Génesis 9:4).

Quizá aun este pasaje anunció anticipadamente la preciosa sangre del Señor Jesucristo que pagaría por los pecados de todos los seres humanos, y ocurrió mucho antes de la ley.

Las Transfusiones

Comer carne de la que no se ha derramado la sangre es muy diferente a dar o recibir transfusiones de sangre. Cuando nuestra sangre podría ayudar a alguien, ¿deberíamos donar sangre o no? La Biblia no trata específicamente sobre el tema de las transfusiones, pero nos da vislumbres del corazón de Dios que muestran lo que El quiere que hagamos en tales casos. Algunas de las experiencias de Cristo nos ayudarán a decidir si deberíamos donar sangre o no:

"Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo; y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios. Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?" (Lucas 13:10-16).

Este caso es similar al de donar sangre, porque Jesús, para ayudar a la gente, hizo algo que los líderes religiosos interpretaron como violación de la ley de Moisés. ¿Les dio la razón Jesús y dijo: "No pensé que podía considerarse así. No lo haré otra vez"? ¡No! Por el contrario. El los llamó hipócritas. Les demostró que sacar a su buey del pesebre el día de reposo para llevarlo a beber agua -lo cual ellos jamás habían pensado que estaba prohibido por la ley-, habría violado la ley tanto como el sanar. Jesús estaba enseñando que siempre es importante hacer buenas obras por las personas. Dios no se opone a que se haga el bien, y no se debe interpretar Su ley como si se opusiera.

Otro pasaje importante para comprender si debemos dar sangre o no, es Mateo 12:10-12:

"Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo".

Aunque ninguno de estos ejemplos trata directamente del tema de las transfusiones, ambos señalan que hacer el bien está de acuerdo con la ley; que Dios está interesado en la gente y no quiere que usemos nuestra interpretación de la ley como razón para no ayudarles.

En otra ocasión, cuando a Jesús lo acusaron de hacer algo contra la ley, El dijo:

"Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla?" (Lucas 6:9).

Luego Jesús sanó a un hombre, y los airados líderes religiosos hicieron planes para deshacerse de El. Si usted hace lo correcto, quizá algunos se opongan como se opusieron a Jesús. Pero, ¡hágalo de todos modos!

risto nos ayudó a comprender un principio muy importante. La ley se dio para ayudar a la gente: Para que las personas hicieran el bien y no el mal. La ley nos anima a salvar vidas, pero, a veces, negarnos a dar sangre realmente equivale a matar. ¿Qué haría usted si su hijo sufriera un accidente y perdiera tanta sangre que, sin una transfusión, moriría, y usted tiene el tipo de sangre apropiado para salvarlo? ¿Le salvaría la vida, o mataría? Aquellos que tergiversan la ley y le dicen: "No debe dar sangre, ¡aunque eso pueda salvar una vida!", no comprenden los importantes principios fundamentales de la Biblia; ellos sólo toman las palabras en forma superficial, como lo hicieron los fariseos. Tal como ellos, terminan contradiciendo lo que Dios nos enseña.

En otra ocasión, los discípulos de Cristo recogieron grano y lo comieron en día de reposo. Cuando los líderes religiosos se quejaron ante Jesús, El respondió:

"El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo" (Marcos 2:27-28).

El Amor Cumple Toda la Ley

Aunque he usado el día de reposo como ejemplo, la Biblia da este tipo de explicación respecto a toda la ley:

"No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor" (Romanos 13:8-10).

Los judíos que acusaron a Cristo no habían entendido el propósito básico de la ley.

¿Se pregunta qué desea Dios que usted haga? Pregúntese: "¿Qué tipo de acción mostrará amor?" Esa es la acción que cumplirá le ley. Si dando un poco de mi sangre puedo ayudar a alguien, entonces debo hacerlo.

"No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo" (Proverbios 3:27).

Los líderes religiosos de hoy que nos dicen lo contrario, han caído en la misma trampa en que cayeron aquellos líderes en los tiempos de Jesús. Sin entender el espíritu de la ley, hacen lo opuesto a la intención general de la ley, tratando de cumplir lo que ellos piensan que es la letra de la ley. Debemos comprender bien este principio:

"Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gálatas 5:14).

Sea un Buen Prójimo

Ahora que ha leído la explicación, veamos qué haría usted. Imagine esta situación: Su vecina llega corriendo a su casa y le dice: "¡A mi esposo lo atropelló un auto! Lo encontraron sangrando al lado del camino. ¡Es una emergencia! ¡El necesita tu tipo de sangre inmediatamente!" Esto podría sucederle mañana. Si ocurriera, ¿qué haría usted?

Veamos una historia que relató Jesús y que le ayudará a decidir:

"Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo" (Lucas 10:30-37).

Aunque su vecina quizá no ha llegado corriendo a su casa, usted aún debe enfrentar la decisión. ¿Seguirá usted a los líderes religiosos y pasará de largo, o será un buen prójimo que muestra amor a aquellos que necesitan su ayuda?

Debido en parte a que Jesús explicó la ley de este modo, los líderes religiosos de su tiempo decidieron deshacerse de El haciendo que lo mataran (Marcos 3:4-6).

Matar a Cristo no resultó como esperaban, así que ahora algunos tratan de deshacerse de El diciendo: "¡El no era Dios! ¡En realidad él no resucitó! ¡El no salva!"

Si usted también hace esto, le ruego que se arrepienta ahora mismo, confíe en el Salvador para que le redima y le ayude a vivir para El.


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