¿Por Qué Dejaron de Hacerlo?


Una vez estaba en un negocio cuando le entregué al empleado un tratado Chick.

Él sonrió al tomarlo y dijo: “¡Oh, mi iglesia solía repartir estos!”

No pensé lo suficientemente rápido como para hacer la pregunta obvia: “¿Ah, sí? ¿Por qué dejaron de hacerlo?”

Muchos cristianos han dejado de repartir tratados, pero no han reemplazado ese testimonio con ninguna otra cosa. En algún punto del camino, el testificar simplemente se detuvo.

Esa breve conversación se me ha quedado grabada porque refleja algo que está ocurriendo en iglesias por todo el mundo occidental.

Una Iglesia Silenciosa

Muchos cristianos recuerdan una época en que repartir tratados del evangelio, invitar a los vecinos a la iglesia, o iniciar conversaciones acerca de Cristo era una parte normal de la vida cristiana. Las iglesias organizaban eventos de evangelismo. Las familias llevaban tratados en sus autos. Los creyentes buscaban oportunidades para hablarles a otros acerca del Salvador.

Hoy, esas prácticas son mucho menos comunes.

No es que los cristianos hayan dejado de creer el evangelio. Muchos simplemente se han vuelto más silenciosos a la hora de compartirlo.

A veces es temor al rechazo. A veces es una agenda ocupada. A veces es la sensación de que alguien más lo hará. Cualquiera que sea la razón, cuando los cristianos dejan de testificar, la influencia de la iglesia se desvanece.

¿Qué Sucede Cuando el Cristianismo Es Marginado?

Alrededor del mundo, ya estamos viendo las consecuencias cuando el cristianismo bíblico pierde su influencia en una cultura.

En Gran Bretaña, predicadores callejeros han sido interrogados o arrestados por proclamar públicamente la verdad bíblica. Algunas personas incluso han enfrentado consecuencias legales por orar en silencio.

En países como Rusia y China, los cristianos han sido multados y arrestados simplemente por reunirse o compartir su fe fuera de los canales aprobados por el gobierno.

Estas situaciones no ocurrieron de la noche a la mañana.

A medida que menos personas abrazan el evangelio, quienes lo rechazan obtienen mayor influencia cultural y política. En poco tiempo, las creencias cristianas ya no son vistas como un beneficio para la sociedad, sino como un obstáculo para ella. Quienes predican a Cristo son vistos cada vez más como el problema en lugar de la solución.

Entonces, surgen exigencias de que se impidan.


Mientras Todavía Podemos

Una vez que se pierden las libertades, la historia muestra que son increíblemente difíciles de recuperar.

La mayoría de los cristianos que leen esto todavía disfrutan de libertades que millones de creyentes a lo largo de la historia nunca tuvieron. Podemos entregarle un tratado a alguien en un restaurante. Podemos hablar con un vecino por encima de la cerca del patio. Podemos hablarle a un compañero de trabajo acerca de Cristo durante una conversación a la hora del almuerzo. Podemos enviar un tratado por correo, dejar uno con una propina generosa, o incluir uno en una tarjeta de saludo.

Esas oportunidades son preciosas, y nunca deben darse por sentadas. Debemos aprovecharlas al máximo mientras todavía podemos.

Una Buena Pregunta

A veces oirás a alguien decir: “Ya no reparto tratados.”

Puede haber razones legítimas por las que los métodos de una persona hayan cambiado. Tal vez ahora tenga otra manera regular de compartir el evangelio.

Pero vale la pena hacer una pregunta con amabilidad:

“¿Qué método estás usando ahora?”

Para muchas personas, quizá no haya una respuesta.

El peligro no está en cambiar de métodos. El peligro está en reemplazar el testimonio activo con ningún testimonio en absoluto.

El mandato final de Jesús nunca ha cambiado: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Ya sea por medio de una conversación, un testimonio, o un tratado del evangelio colocado en las manos de alguien, las personas todavía necesitan oír las Buenas Nuevas.

Una iglesia “solía repartir estos.”

Que seamos hallados fieles en seguir haciéndolo.


Productos de interés: